La historia está llena de ejemplos en los que los valores de lo bello y de lo joven se conjugan produciendo sensación de placer y bienestar. Lo viejo en ese orden de ideas, produce la sensación contraria.
La idea de permanencia en el mundo nos da seguridad, mientras el solo pensamiento en la vejez y en la muerte nos aterroriza. La “conciencia de futuro” derivada del proceso evolutivo del hombre nos hace pensar en los tiempos venideros con bastante frecuencia y lo desconocido nos produce un miedo inmenso. De ahí, que nos aferremos a lo que conocemos, la juventud, y procuremos mantenernos en ella para no llegar a la vejez desconocida, llena de paradigmas de deterioro y enfermedad.
Con el envejecimiento experimentamos una serie de cambios y tomamos conciencia del paso del tiempo. Evolucionar con el paso de los años y adaptarse a las diferentes etapas es fundamental para aprender a envejecer.
A partir de la madurez tomamos conciencia del paso del tiempo. Reflexionamos sobre nuestra vida y hacemos balance sobre ella. Pensamos en el pasado lamentándonos por no haber podido alcanzar las metas propuestas y pensamos en el futuro, imaginándonos con las facultades mermadas y con un físico deteriorado.Tememos a la enfermedad, a la falta de autonomía y a la dependencia que podamos llegar a tener de otros y, por supuesto, a la soledad y a la muerte. En definitiva, es esta la causa del temor a envejecer. El temor a la soledad, a quedarse solo porque los hijos se han ido del hogar o por haber enviudado, es una de las grandes preocupaciones de las personas cuando se aproximan a la vejez. Plantearse la vida de forma distinta a lo acostumbrado e imaginársela con achaques y limitaciones físicas, además de la incertidumbre de lo que el futuro nos deparará, es uno de los mayores miedos de todo ser humano. A partir de la madurez, surge también el temor a la muerte. El paso del tiempo nos enseña que somos mortales y que el final de nuestra vida es ineludible. En esta etapa, ya hemos experimentado el dolor de la pérdida de algún ser querido y hemos sufrido con la muerte de personas cercanas a nosotros. Ahora aprendemos que no son otros los únicos que mueren y empezamos a ver la muerte cercana, como algo que tarde o temprano nos ocurrirá .
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Saber evolucionar y adaptarse al paso del tiempo es fundamental para poder enfrentar el futuro y disfrutar de cada etapa de la vida. No debemos aferrarnos de forma exagerada al pasado, sino que debemos dar paso a la nueva etapa que se aproxime y aprender a disfrutar de ella aprovechando la experiencia y sabiduría que sólo da el paso de los años.
“Nada nos hace envejecer con más rapidez que el pensar incesantemente en que nos hacemos viejos. Georg Christoph Lichtenberg (1742-1799) .
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