La oscuridad de la noche fue desvaneciendo como todos los dias. Por la pequena ventana asomaban rayos luminosos prometedores que transportaban ilusiones de experiencias no vividas. Revelaciones de segundos, eternizadas en la fantasia inmensa de su mente creativa. Esto vivia Sierva, la mujer de este relato cuyo nombre robe deliberadamente. Vivia ella en esa tierra alta en donde al amanecer, el olor a hierba mojada se conjuga con el del café tostado , la leche tibia y el de las flores de los naranjos del camino.
El extasis de la ilusion la viajaba desde su montana hasta las aguas aun cristalinas de su ser. Que viaje maravilloso. Ella iba y volvia sin tropiezo. Saltaba obstaculos sin dificultad, con la liviandad de la pluma y la inocencia de quien no ha aprendido. Inventaba fabulas que alimentaban su alma nuevamente ligera de equipaje.
Esa manana, montado en los rayos del sol naciente, aparecio un personaje enigmatico, el cual ella percibio como viejo conocido. Curiosa pero aprensiva con los sujetos extranos, se sorprendio con la extremada familiaridad con la que este en particular aparecia y abrio la ventana invitandolo con inusitada complacencia.
Traia el consigo , una cesta de fibra gruesa meticulosamente tejida , dividida en dos por tapas de madera separadas por una manija en el medio la cual denotaba su repetido uso e inmaculado cuidado. Curiosa, se apresuro a preguntar al hombre de cabeza de pelo plateado, impecablemente desordenado y quien denotaba una sabiduria tacita propia de los ancianos, por el contenido de la canasta. El no dijo nada. Mientras tanto, ella leia con tranquilidad la complicidad su mirada comprendiendo con facilidad sorprendente y con intencion prematura, los mensajes dificiles que el esporadicamente y en veces amorosamente mandaba, alimentando sus tan habituales pensamientos fantasiosos.
Si le conto de sus tierras; del origen de abuelos, bisabuelos , tatarabuelos y choznos enigmaticos que aun lo acompanan en sus travesias. Le narro historias de hadas y gnomos que lo admiran con devocion y a quienes el, con su sabiduria generosa, guia y ensena caminos solo por gentes como el recorridos. Le hablo de cohetes, de explosiones y de calenturas. De mundos para ella desconocidos. Le mostro mascaras que con colores plumas y lentejuelas disfrazan el animo de personas comunes y que los hacen aparecer como arquetipos envidiables e inalcanzables a la vez. La llevo a los picos nevados en donde el viento empuja las almas livianas y las lleva por senderos inimaginables. Compartio con ella manjares alinados con cardamomo y comino… piernas de animales de caza, preparadas por el con el fuego de sus entranas , acompanadas con vinos extraidos de uvas dulces de tierras lejanas y propias.
No quiso, a pesar de la curiosa insistencia de Sierva , compartir con ella el contenido de la cesta. Se la llevo celosamente e inmaculada como la trajo. La abrira en otras estancias, dijo. Cuando los vientos sean propicios y las personas cercanas. Cuando los jazmines florezcan y las uvas maduren. Cuando los rayos del sol lo lleven nuevamente y lo depossiten en ventanas abiertas. Cuando el tiempo para el eterno, asi se lo indique. Cuando el universo nuevamente, con su mania de organizarse, le senale que el momento llego.